Adrián Ríos MD

Las hiperplasias sebáceas son agrandamientos de los lóbulos sebáceos de la piel o aumento en su número, en un segmento de unos pocos milímetros que desplaza y atrofia el componente piloso de la unidad pilosebácea de la piel. Su aparición por lo regular es tardía en el desarrollo de la unidad pilosebácea, es más frecuente en la cuarta década de la vida y afecta más a la cara y el cuello submaxilar.

Al análisis histológico se observan lóbulos de adipositos maduros que ocupan la dermis superficial rodeando un conducto central que llega hasta la superficie epidérmica, los adipositos se comunican al conducto central por medio de canales secundarios.

“El tamaño de los lóbulos puede no ser mayor al de la piel vecina, a veces da la sensación que existe un mayor número de estos. Ocasionalmente, se observarán restos de folículo piloso en la base de la lesión. La lesión es por lo general bien delimitada lateralmente”.

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Se presentan en especial en la frente, las mejillas, el dorso de la nariz y en las ramas mandibulares.

Casos de aparición múltiple se han reportado posterior a tratamientos con inmunosupresorres v.g la ciclosporina, la cual tiende más a causar cuadros pilosebáceos.

DOI: 10.1016/j.ad.2010.10.018

Esto hace pensar que el origen de las hiperplasias podría explicarse por  provocar un hamartoma a partir de la pérdida del control inmunitario de un receptor específico para el adiposito.

Su remoción es por lo general, incompleta. Depende el tamaño y el número la ablación se hará mediante electrocirugía , crioterapia y en ocasiones, quirúrgica. Todo este tipo de intervenciones dependerá de la disposición anatómica de las lesiones, su tamaño, su número.

Si la lesión es muy pequeña, la expresión simple de la glándula asistida con aguja o un láser ablativo tendrá resultados satisfactorios por periodos de tiempo que deberán registrarse para así calcular el como modificar la técnica en caso de persistencia temprana de la lesión. El paso siguiente o incluso anterior  podría ser asistir la intervención con radiofrecuencia, aumentando el nivel anterior y dejando registros intraoperatorios para valorar cualquier cambio de parámetros. La ultra-radiofrecuencia (URF) ha mostrado mayor bondad que la convencional,  pero deberá medirse bien para evitar cicatrices atróficas. La URF podrá llegar más lejos que el láser sin tener que dejar espacios amplios de piel que lleven a tener que realizar cierres primario, por supuesto, en presencia de una lesión amplia, el tratamiento deberá ser secuencial, buscando que la piel llene los espacios dejados por la vaporización de la glándula en meses, en donde se tendrá algo de recurrencia, algo de hundimiento pero en el intervalo una cicatrización más tranquila y rápida.

Se han utilizado diferentes tipos de láser que al final, también han mostrado resultados incompletos con recrecimientos tempranos e incluso complicaciones como la depigmentación y/o hundimientos de las áreas tratadas.  En este nivel, ya hemos dejado atrás métodos como la crioterapia.

Los hundimientos necesitan nivelaciones y el llenado del defecto puede tardar meses. Esto ha dejado también atrás el concepto de que todas las lesiones deberían ser completamente resecadas. Por lo general, las resecciones también son incompletas en número y esto se evidencia en los controles de las intervenciones  a corto y a largo plazo, depreciando de esta forma el valor de la intención completa. Las lesiones más pequeñas crecerán y la única forma posible es de un lado la monitorización larga del posoperatorio permita retirar todas las lesiones.

Existe en casos profusos el abordje médico con isotretinoina el cual, también trae sus inconvenientes.

Una relación que se debe considerar de manera individual es, el volumen de la lesión con relación al grosor de la piel que ocupa. Un factor que cambiará el abordaje quirúrgico puesto que, tendrá que ver con la simplicidad técnica de la resección completa, en pacientes de bajo riesgo de cicatrizaciones hipertróficas, cuando se trate de zonas con piel delgada, o, de la difícil aproximación de tejidos en la piel gruesa y porosa como el dorso nasal o el entrecejo. En estas zonas toda intervención necesitará retoques.