Miorrelajantes en medicina estética
La contracción normal de los músculos ocurre gracias a señales que viajan desde el nervio hasta la fibra muscular mediante un neurotransmisor llamado acetilcolina.
La acetilcolina se almacena dentro de pequeñas vesículas en la terminación nerviosa. Para liberar su contenido, estas vesículas deben fusionarse con la membrana de la célula nerviosa mediante un conjunto de proteínas denominado complejo SNARE.
La toxina botulínica bloquea este proceso al escindir específicamente la proteína SNAP-25, uno de los componentes esenciales del complejo SNARE. Como consecuencia, la acetilcolina no puede liberarse y el músculo deja de recibir la señal para contraerse.
Una vez inyectada, la toxina llega asociada a un complejo proteico que la protege. Posteriormente, una de sus cadenas se une a receptores específicos de la terminación nerviosa y facilita su ingreso a la célula. En el interior, la cadena ligera actúa como una enzima que escinde la proteína SNAP-25, impidiendo la liberación del neurotransmisor.
Para recuperar la transmisión nerviosa, la neurona debe sintetizar nuevamente la proteína SNAP-25 y transportarla hasta la terminación nerviosa, donde se restablece gradualmente el mecanismo de liberación de acetilcolina. Este proceso requiere varios meses, lo que explica la duración del efecto clínico.
La toxina se fija progresivamente a las terminaciones nerviosas durante las primeras horas posteriores a su aplicación. Dependiendo de la dosis administrada y del músculo tratado, el efecto comienza a observarse entre uno y varios días después y alcanza su máximo aproximadamente entre una y dos semanas.
Cada punto de aplicación actúa como un foco de relajación. Durante los días posteriores al tratamiento se establece una especie de “competencia” entre esos focos y los puntos donde el músculo continúa recibiendo impulsos nerviosos. Dependiendo de la dosis, de la distribución de la toxina y de la anatomía propia de cada paciente, la relajación puede terminar imponiéndose sobre una región amplia del músculo o persistir pequeñas zonas de contracción que hagan aconsejable un retoque. Por esta razón, el resultado definitivo no debe juzgarse durante los primeros días.
La experiencia del paciente con tratamientos anteriores constituye una información muy valiosa para planear cada nueva aplicación. Antecedentes como sensación de “mirada severa”, exceso de inmovilidad, asimetrías o una duración menor de la esperada orientan al médico para modificar la distribución de los puntos, la dosis y, cuando es conveniente, la técnica de aplicación. El tratamiento debe individualizarse para conseguir un resultado natural.
No existe una dosis única para el tercio superior del rostro. El número total de unidades puede variar considerablemente entre pacientes, ya que el objetivo no siempre es conseguir una relajación completa. En muchos casos basta con disminuir selectivamente la fuerza de determinados músculos para obtener un cambio favorable, preservando una expresión natural.
Por esta razón, el tratamiento suele planearse de forma progresiva, comenzando con la menor dosis capaz de producir el efecto deseado y aumentándola únicamente cuando el objetivo clínico así lo requiere. Cuando se busca una mayor duración del efecto, habitualmente son necesarias dosis más altas por punto de aplicación.
En nuestra práctica preferimos trabajar con diluciones bajas, habitualmente de 1,0 o 0,9 mL por cada vial de 100 unidades. Esto permite administrar un mayor número de unidades utilizando un volumen muy pequeño, favoreciendo una aplicación más precisa y buscando reducir la difusión hacia músculos vecinos.
Los miorrelajantes no buscan simplemente inmovilizar músculos, sino redistribuir las fuerzas musculares del rostro. En el tercio superior de la cara se utilizan principalmente en la frente, el entrecejo y la región periocular para suavizar las líneas de expresión y mejorar la posición de las cejas y la expresión de la mirada. La técnica de aplicación es determinante para obtener un resultado natural.
También pueden emplearse para corregir la sonrisa gingival, suavizar las arrugas del labio superior, elevar discretamente las comisuras labiales, reducir las arrugas del mentón, disminuir la expresión de desdén durante el habla y tratar el bruxismo en pacientes adecuadamente seleccionados.

Corrección de sonrisa gingival con toxina Botulínica 
Puntos de aplicación de la toxina botulínica en el Bruxismo





